
Esta es la historia de una familia marcada por el raquitismo. No, no por aquel de la postguerra causado por la mala alimentación o la falta de vitamina D, ya erradicado en España. Es por otro, de carácter hereditario, que ha impactado de lleno en la vida de Sonia Fernández. Su abuela, su padre, sus dos hermanas, sus sobrinos, sus dos hijas… arrastran las secuelas de esta dolencia rara que se transmite de generación en generación. Talla baja, fragilidad en los huesos, deformidad, dolor… y algo que, a esta madrileña de 49 años, le ha marcado por encima de cualquier otra cosa. La pérdida espontánea de dientes y el no tener dinero para poder reponerlos porque, pese a su enfermedad, ni eso -ni el fisio, ni el nutricionista…- lo cubre la sanidad pública y, cuando acuden a un seguro privado, las compañías les rechazan. «Es muy difícil. Se vive mal. Se sufre», sintetiza Sonia a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.
