
«Mata muchísimo y no lo estamos viendo. No existe conciencia ni entre los médicos, ni entre la población». Lo dice a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Ignacio Fernández Lozano, secretario general de la Fundación Española del Corazón (FEC). Habla de la muerte súbita cardiaca, una de las primeras causas de fallecimiento en los países desarrollados. La existencia de un desfibrilador en un espacio público o privado -es decir, fuera de un entorno sanitario-, aumenta hasta un 90% las posibilidades de sobrevivir sin secuelas graves a un ataque tan letal. Pero, en el mapa español, no todos los grandes espacios, donde se congrega mucha gente, cuentan con estos dispositivos que salvan vidas. Hay una notable disparidad tanto en la dotación como en las normativas autonómicas que obligan a su instalación. «No hay regulación nacional y seguimos a la cola de Europa», resume el doctor Fernández Lozano.

