
Si algo tienen en común todas las enfermedades mentales graves es el estigma social. Una de las más que más lo sufren es la esquizofrenia, que aún lucha contra el rechazo y la idea, muy extendida, de que es impredecible e implica un riesgo de conductas peligrosas o agresivas. Contrariamente a esta creencia, los datos revelan que menos del cinco por ciento de estos pacientes cometen actos violentos y que, por el contrario, sí son víctimas de más agresiones y tienen que hacer frente a la incomprensión y la discriminación, tanto laboral como social.
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