
Paul Mackey tenía apenas cuatro años cuando fue diagnosticado con hemofilia, una enfermedad que impide la correcta coagulación de la sangre. Poco después inició un tratamiento en el hospital de Southport, en el noroeste de Inglaterra, con un método novedoso: el uso de plasma concentrado de varios donantes para suplir la falta de proteína de coagulación. Lo que Mackey no sabía en ese momento es que ese plasma estaba infectado con VIH y con Hepatitis C, un problema que afectó a más de 30.000 personas en el Reino Unido, especialmente en las décadas de los 70 y los 80, y que ha causado cerca de 3.000 muertes desde entonces.
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