
Una de las arduas tareas que tenemos a veces los psiquiatras es escuchar el discurso de un paciente y determinar, en un informe, si lo que dice es un delirio. Junto con las alucinaciones y la desorganización de pensamiento, el delirio es el síntoma psicótico por antonomasia, afectando aproximadamente al 3-5 % de la población a lo largo de la vida. El estudiante principiante se lanza enseguida al criterio de la veracidad de la idea (si es falsa, es un delirio); pero la experiencia clínica nos indica que es un criterio insuficiente (1 + 1 = 3 no es un delirio, es simplemente un error) y que incluso hemos visto delirar a alguien con un contenido veraz (por ejemplo, un paciente con delirio de celos siguió teniendo el mismo síntoma cuando su mujer, harta de tanta suspicacia interpretativa y tanta imaginación, decidió tener una aventura extraconyugal).

