
El desabastecimiento de medicamentos sigue inquietando a farmacéuticos y, por supuesto, a los pacientes. El problema se arrastra desde desde hace años y parece haberse enquistado sin visos de solución. Incidencias que afectan de forma especialmente complicada en las zonas despobladas donde la falta de un fármaco -el que siempre toman, al que están acostumbrados, por ejemplo para la tensión-, causa mucha desazón a una población muy envejecida, admite a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA Jaime Espolita, presidente de la Sociedad Española de Farmacéuticos Rurales (SEFAR). A veces, hay que recorrer hasta un centenar de kilómetros, a otra farmacia, en otro pueblo, para conseguir la misma indicación.
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